sábado, diciembre 18, 2010

Tan inútil como esperar a Godot: La idiosincrasia en una parra.



No había nada que le diera forma hasta ahora a eso. Quizá la habitación chiquita y ese huésped que prefirió la lluvia. Pero yo no pinto nada ahí .

Ahora es diferente, tiene una forma: un día apareció porque sí, como todas las cosas, la parra. Alguien, cualquier alguien, como todos los alguienes, que habitaba una parra (su parra) y tuvo que dejarla. Eso es lo que les pasa a algunos, tienen que mudarse de su parra para cumplir con el mundo, de la manera en que el mundo quiere que cumplan con él. Otros, en cambio, se niegan a abandonar su parra, se la toman ilegalmente si es necesario.

Ahí es cuando parten las fuerzas especiales a "desocupar" el lugar. Pero el morador puede llegar a ser muy necio. Necio porque siempre ha sido su parra y quiere que siga siéndolo. Aunque los polis estén por todas partes. Incluso aquellos invitados con quienes quiso compartir una que otra rama de la parra, terminaron siendo policías encubiertos. Porque los que no viven en una parra son incapaces de quererlas o entenderlas. Apenas y hay algunos que las aceptan porque sí, como todas las cosas.
Los que no las quieren ni entienden ni aceptan, de inmediato encuentran en ellos la, hasta entonces secreta, vocación de vigilante de la ley. Si uno solo no lo consigue, de inmediato busca el apoyo de otro y otro poli, y entre lumas, balazos y carros lanza agua, tratan de sacar de ahí a ese ser despistado que cree que puede vivir en su parra.
Lejos de su hábitat, el tiempo se le hace espeso y grave, ruidoso e hiriente. Fuera de su parra no puede entender ni entenderse. Se vuelve un sordo. Un tartamudo. Un idiota gruñón y malicioso. Tiene que volver a su parra. Vuelve y las fuerzas especiales con él. Le lanzan todo tipo de artillería para bajarle. Lo bajan. Lo devuelven a su nuevo lugar.
Claro que el necio va a volver, porque en su parra entiende y se entiende. Y ya no es un sordo, un tartamudo, un idiota gruñón y malicioso. Es un necio que ama cada hoja.

Por ahora, el necio se conformará con vivir no muy lejos de su parra, ahí abajo donde lleva un tiempo, en su cenicero de hojas. Revuelto todo entre las cenizas de su parra, su necedad y su idiotez sorda.

jueves, junio 17, 2010

Una silente inquietud


Desde hace más de tres mil años, grandes sabios y guías espirituales han valorado el silencio como vía para el encuentro con uno mismo, como forma de desprendimiento de las ataduras materiales.

Pero al igual que aquellos que dicen que el dinero no trae la felicidad, y que han de decirlo por tener demasiado, quienes hacen del silencio un culto, pueden aplicarse a ello porque están atiborrados de sonidos y palabras que han hecho parte de sus pertenencias. Pues no conocen el miedo, porque nada podría amenazarles. Así que no saben del terror que produce la posibilidad de atisbar el peligro y sentirlo a pocos pasos, verlo avanzar intimidando con una sonrisa cruda y una perturbadora mano estirada hasta casi rozar la piel de quien no puede gritar. Alguien que aunque pudiera, nunca sería escuchado.

El silencio es un suceso valioso sólo cuando ya se ha domesticado la palabra, y esta es parte del dominio de alguien. De lo que se ha hecho un dominio a la fuerza, probablemente. Sino, es la aberración que no deja huir del ruido.

Y es entre ese silencio aterrador y las palabras, que quedan atascados murmullos y vagos rumores que no han de decir absolutamente nada.


“Porque tanto silencio ha terminado por agrietarme los labios”

viernes, mayo 14, 2010

Jale después de usar...

"El zorro pareció intrigado:
-¿En otro planeta?

-Sí.
-¿Hay cazadores en ese planeta?

-No.

-¡Qué interesante! ¿Y gallinas?

-No.-Nada es perfecto -suspiró el zorro"


Cof! Cof!

Yo me excuso.

Sin ninguna razón. Porque no hay ninguna razón.

Cof! Cof!

Me excuso...



"En ese lugar se demoran tanto en servir que siempre es muy tarde, y cuando el café ya está cerca, nunca se extraña"